viernes, 24 de abril de 2020

Círculo Vicioso

A pesar de los recientes reclamos públicos realizados por figuras del oficialismo donde acusan a empresarios privados de especuladores y amenazan con represalias por “atentar contra el pueblo”, el Banco Central de Venezuela desde que comenzó la cuarentena debido a la amenaza que representa la pandemia de Covid-19, ha recurrido con mayor fuerza al “vicio” económico favorito de los últimos años: no ha parado de emitir dinero sin respaldo productivo. Con una economía paralizada por la cuarentena y con pocas empresas laborando de forma excepcional, el aparato económico del país se encuentra operando al mínimo. 

Todos los países del globo, prevén por esta coyuntura, una reducción del Producto Interno Bruto muy drástica. En respuesta, muchos han anunciado paquetes de estímulo directo para darle soporte a las Pequeñas y Medianas Empresas con el propósito de sostener millones de puestos de trabajo y ponerle un contrapeso a la caída económica a raíz del confinamiento. Para lograrlo han recurrido a sus reservas y han volcado el esfuerzo y los recursos del Estado para evitar graves consecuencias. 

Esta pandemia sorprende a Venezuela sin recursos, las reservas internacionales son exiguas e insuficientes -y es imposible no recordar cómo se anunció en los primeros años de revolución que "es absurdo que Venezuela retenga tanto dinero en los bancos internacionales en un momento en que enfrenta grandes necesidades internas"- y luego de un endeudamiento irracional de la República y de PDVSA de la cual una gran parte se fue en una “guerra contra el dólar” y en absurdo gasto corriente, nos encontramos sin acceso a financiamiento en los mercados internacionales; además la empresa petrolera estatal que “ahora es de todos” y que venía en un franco e increíble declive de producción, colapsó con la caída del precio del petróleo, a pesar de que nos dijeron que “así el petróleo esté a cero, Venezuela no la para nadie”.

Con ese dantesco panorama, las opciones son muy limitadas y poco efectivas. De modo que los anuncios realizados desde el Ejecutivo Nacional han cargado el costo sobre los hombros de los venezolanos, expresado en impuestos, pago de nómina a las empresas, limitaciones o prohibiciones para ganarse el sustento diario, y paralización del cobro de rentas por alquileres para pequeños propietarios. Además de eso, las únicas alternativas que tiene el Ejecutivo son la liberación del encaje legal para tratar de dinamizar a la economía con el factor multiplicador del crédito bancario, lo cual podría canalizarse mediante una disposición que estimule créditos para las empresas que permitan sostenerlas a ellas y a sus trabajadores y que los particulares tengan acceso a líneas y tarjetas de crédito de un dinero que ya ha sido inyectado en el sistema financiero en el pasado. Obviamente esta no es una medida del todo ideal por si sola, pero cuando no quedan opciones, hay que echar mano de la opción menos mala.

La última alternativa era recurrir al Círculo Vicioso que permitió financiar un enorme déficit fiscal durante años, que generó el monstruo de la hiperinflación y que destruyó el poder adquisitivo de los venezolanos: la emisión de dinero sin respaldo productivo. Según las cifras publicadas por el Banco Central de Venezuela, la liquidez en el sistema financiero pasó de Bs. 63,2 billones el 13 de marzo, día en que se anunció el
inicio de la cuarentena, a Bs. 77,77 billones cuatro semanas después. Esto es casi una cuarta parte más en tan solo las primeras 4 semanas de confinamiento, con el aparato productivo paralizado, es decir, sin producir prácticamente nada. Es el inicio del Circulo Vicioso.

Ese dinero ha sido inyectado en la economía para financiar gasto corriente: nómina pública, bonos insuficientes a la población y gastos de los diferentes organismos del Estado. Las empresas de alimentos, los establecimientos que los venden, la industria farmacéutica y la cadena de farmacias son algunas de las empresas que permanecen operativas. El consumo debido al Covid-19 ha mostrado un incremento en la demanda hacia esos rubros. Como es lógico, cualquier empresario en inflación buscando proteger su patrimonio, al recibir ese flujo de caja, busca adquirir mercancía, insumos, para mantener la operatividad y se voltea al mercado de divisas para contar con el bien básico en el que se negocia en un país cuya moneda carece de valor: el dólar. En pocas palabras, esa inyección descomunal de dinero, termina generando mayor inflación y presionando el tipo de cambio.

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En ese mismo periodo el dólar en el mercado paralelo se devaluó en 50% pasando de Bs. 80.000 a cerca de Bs. 120.000, y al momento de escribir este artículo sobrepasa los Bs. 200.000 por dólar (una devaluación de más del 150%). El dólar de las mesas de cambio que coordina el Banco Central pasó el 13 de marzo de cotizar en Bs. 73.688,73 a Bs. 100.980,13 el lunes 13 de abril, después de la Semana Santa. En otras palabras, se devaluó 37%, y ha llegado en este momento a Bs. 144.957,19, casi el doble. Estas cifras hacen presumir que la emisión de las últimas dos semanas, incluida esta que culmina mañana viernes, ha sido también brutal. 

El Círculo Vicioso que nos subyuga, termina empobreciendo aún más a los venezolanos que además hoy atravesamos la peor tormenta económica, social y sanitaria de la historia republicana. Esa adicción a emitir dinero sin respaldo, termina limitando la capacidad del aparato productivo del país, haciendo que como buen adicto, el BCV considere necesario  entonces volver a emitir dinero para financiar un gasto insostenible.

De modo pues que las amenazas y acusaciones debieran hacerse sobre otras personas y la preocupación de quienes hoy detentan el poder en Venezuela debiera ser promover y crear las condiciones para que los emprendedores, los creadores y cualquiera por si solo, pueda generar valor, y puestos de trabajo; y con ese rango de acción tan limitado en las actuales circunstancias del país, y sin los ingresos de la destruida PDVSA, procurar el entendimiento para resolver los problemas estructurales que han generado ellos mismos. El sector empresarial está en total disposición de producir, para llevar alimentos, bienes y servicios a los hogares venezolanos.


José Manuel Alejos M.
@josealejos

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