Luego del anunciado fracaso de las medidas de control sobre la producción privada, desde el poder se comenzaron a tomar medidas de inobservancia, por así decirlo, de las disparatadas regulaciones de precios. Una suerte de laissez faire, en el que se le permitió al sector privado retomar líneas de producción, antes inviables, con el resultado de volver a ver productos nacionales en los anaqueles, y que extinguió rápidamente el mercado negro de bienes de consumo de primera necesidad.
Quizás por esto, desde hace varios meses, algunos han tratado de vender la idea (y algunos otros la han comprado) de que en Venezuela puede instaurarse un modelo económico como el de China y que de algún modo, eso pueda traer crecimiento económico y oportunidades.
Los empresarios que continuamos en Venezuela, hacemos un gran esfuerzo para mantener las empresas operativas, incluso antes de la llegada de la pandemia del COVID-19 y la cuarentena. Muchos nos hemos adaptado a la realidad de forma vertiginosa y hay muchos casos de empresas intentado incursionar en los pocos mercados que brindan oportunidades de rentabilidad, incorporando nuevos segmentos o líneas de negocio, o simplemente cambiando de ramo.
Es importante resaltar que cuando hablamos de empresarios, nos referimos a aquellos que dedican su esfuerzo a cristalizar una idea de negocio en transformación de valor, generan empleos, crecen con el tiempo mediante la reinversión en sus empresas y contribuyen a que su equipo humano también crezca con ellos; y no a aquel vivo criollo que se enriquece rápidamente a la sombra de relaciones turbias y negocios de dudosa procedencia.
Un modelo económico que promueva la libertad de mercado, la competitividad, que le dé a las personas la capacidad de elegir los productos que quiere consumir o el negocio al que quiera dedicarse, pasa necesariamente por al menos tres elementos clave: estabilidad política, generación de confianza y voluntad de hacer las cosas. Estabilidad política, porque los cambios que se requieren para recuperar el país incluyen decisiones y giros drásticos en temas transversales como la generación, distribución y comercialización de energía eléctrica, o el suministro de agua potable, por citar un par de ejemplos. Generación de confianza, porque los inversionistas nacionales y extranjeros no solo precisan un estado de derecho que garantice que su inversión puede recuperarse en el tiempo. Y, voluntad de hacer las cosas, porque es un trabajo inmenso que debe hacerse desde las posiciones de Gobierno, para hacer posibles esos cambios.
No existe forma posible de que sin alguno de esos elementos, se pueda generar una nueva economía que abrace el libre mercado, la competitividad, que atraiga inversiones y recupere paulatinamente el poder adquisitivo de los venezolanos. Cualquier intento aislado o incompleto de ir hacia esa vía, siempre será mejor que permanecer en donde hemos estado, pues nos permitirá oxigenarnos para continuar, pero difícilmente nos llevará a la senda del desarrollo y el progreso.
En las últimas décadas Venezuela manejó una cantidad de dinero inconmensurable, y el Gobierno la dilapidó, convirtiéndonos en uno de los países más pobres del mundo, con marcadas desigualdades, con una hiperinflación récord y un salario mínimo paupérrimo, muy por debajo de los índices internacionales de miseria. En ese mismo lapso, nuestros vecinos crecieron económicamente, atrajeron inversiones y desarrollaron su economía; incluso aquellos países con gobiernos doctrinariamente afines al nuestro. En Bolivia, Ecuador, Perú, Colombia, se crearon las condiciones para atraer capital y se dieron las decisiones adecuadas para que ese desarrollo impactara positivamente a sus ciudadanos, a través de la promoción de la empresa privada, competitividad, reglas claras de juego, respeto.
Resulta al menos improbable, que quienes han perseguido y atacado a la empresa privada nacional, violentado la seguridad jurídica con medidas confiscatorias absurdas, promovido la voracidad fiscal, preferido a "empresarios" de otros países en detrimento de trabajadores locales; tengan la capacidad de generar la confianza necesaria para tomar las decisiones para los cambios que se requieren. Mientras tanto, tomamos oxígeno, y seguimos.
Lo demás, son cuentos chinos.
comparto todo lo dicho en el articulo, muy bueno
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